The Other Migrants Crossing Mexico-U.S. Border

** TO GO WITH TERROR CONEXION  ** FILE ** In this June 2, 2007 file photo, an illegal immigrant begins the swim across the Rio Grande River at the U.S. - Mexico border in Nuevo Laredo, Mexico, just across from Laredo, Texas.   Intelligence officials are focusing new attention on these networks that smuggle people from Djibouti, Eritrea, Somalia and Sudan _ known havens for terrorists, including al-Qaida _ according to an internal government assessment obtained by The Associated Press. (AP Photo/LM Otero, File)
** TO GO WITH TERROR CONEXION ** FILE ** In this June 2, 2007 file photo, an illegal immigrant begins the swim across the Rio Grande River at the U.S. - Mexico border in Nuevo Laredo, Mexico, just across from Laredo, Texas. Intelligence officials are focusing new attention on these networks that smuggle people from Djibouti, Eritrea, Somalia and Sudan _ known havens for terrorists, including al-Qaida _ according to an internal government assessment obtained by The Associated Press. (AP Photo/LM Otero, File)

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Originally broadcast on Here & Now on September 14, 2015See Original Version.

 

Originally published in El Periódico on December 29, 2015See Original Version.

El expediente contenía datos precisos, pero dispersos entre sí, era lógico, databa de 2014 y estaba elaborado con los recuerdos de un grupo de migrantes africanos que viajó por un continente donde fueron prácticamente sordos. Su idioma era inútil, venir de África y cruzar toda América Latina fue para ellos tan confuso como lo sería para un latino llegar a Europa a través de toda Asia. Para suerte del grupo uno de ellos hablaba inglés, por eso fue el seleccionado por los traficantes para llevar el teléfono y recibir instrucciones, el resto, obedecía.

Aterrizaron en Ecuador y viajaron por tierra hasta México, apenas cruzaron la frontera de Estados Unidos hicieron lo que los mismos traficantes les recomendaron hacer, entregarse a las autoridades para pedir asilo político. Las guerras de sus países natales los hacían candidatos para recibir este estatus migratorio, a cambio, debían dar información.

Así, contaron cuanto recordaban de las personas que los llevaron. Respecto a Guatemala, lo más concreto que los africanos pudieron dar a los investigadores de la agencia ICE (Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU., por sus siglas en inglés) fue la descripción de las calles poco iluminadas que llevaban a un hotel que hacía de albergue, la descripción del loro que cantaba desde la oficina en el segundo piso, y un número de teléfono desde el que recibían instrucciones para saber a dónde ir.

Dieron también una referencia particular, Luis-Guatemala, el nombre que hacía de marca de ganado y que los traficantes les asignaron para moverlos por toda Centroamérica. Si en un albergue se mezclaban migrantes llevados por otras redes, la forma de diferenciarlos y saber quién podía continuar (porque el grupo ya pagó) era este código.

El expediente de ICE vino a Guatemala y desde entonces se intervino el número de teléfono, las llamadas delataron a la estructura. Cuando fueron detenidos, el fiscal Mynor Pinto cuenta que en el hotel Tívoli, zona 9 capitalina, encontraron Q120 mil y US$10 mil en efectivo, pasaportes, listados de nombres y, como un elemento que corrobora la historia, el loro que cantaba desde la oficina del propietario del hotel. En 2014, los migrantes extracontinentales fueron 135, según datos de la Dirección General de Migración, hace dos años apenas fueron diez. El negocio creció.

Los miembros de la banda operaron durante seis años y enfrentarán juicio en los próximos días. Su historia, por así decirlo, termina ahí. Pero los migrantes que ellos llevaban el día de las capturas, los que habían pagado para llegar a México, tienen un antes y un después. Se sabe que fueron detenidos unos días y puestos en libertad después. Es imposible saber si este grupo llegó a EE.UU., sin embargo, los testimonios de dos africanos que lograron cruzar hasta México ayudan a dar una idea de cómo fue su vida, y la de todos los migrantes que hacen la ruta de los tres desiertos, antes de Guatemala.

Urabá: El desierto de agua

Tiene 35 años, la piel obscura, viste una playera de calaveras y su aspecto es el de un temerario ciudadano del mundo. Su madre y padre murieron en Camerún, allá perdió a todos. En 2013 investigó en Internet, supo que quería ir a México y que su punto de llegada sería Colombia. Subió a un barco y navegó por un año.

El relato del mar Atlántico suena a paraíso comparado a lo que le esperaba. Cuando desembarcó habló con los locales, “¿qué bus me lleva a Estados Unidos?” – “Aquel” – “¿Ese?” – “yes, yes, sí”, y abordó. La mente de Shenya imaginó un viaje en línea recta al norte, sobre una carretera donde las líneas del asfalto abrazaran suavemente las ruedas del autobús, en su ventana, pintados los paisajes de América Latina que vio en Internet.

El bus se detuvo apenas unas millas después, en Turbo, Antioquia, “si sobrevives a Turbo debes dar gracias a Dios” dice. En el mapa, este punto es el fin de la carretera Interamericana de Sur- América y punto clave para quienes trasiegan personas, drogas o lo que sea. Ahí la ruta gira de vuelta al sur, como si temiera atravesar la jungla. El tramo entre Turbo y Yaviza, Panamá, es la única parte del continente que no está unida por asfalto, una lancha por el Golfo de Urabá es la alternativa.

Shenya viajó sin coyote y poco dinero, se guió por lo que encontraba en Internet. Llegar a México le tomó un año y medio.

Shenya viajó sin coyote y poco dinero, se guió por lo que encontraba en Internet.
Llegar a México le tomó un año y medio.

El contraalmirante Ricardo Hurtado, de Colombia, no conoce a Shenya pero puede contar historias similares a las que el camerunés vio en el golfo. Dos semanas antes de la entrevista con Hurtado, su equipo detectó un punto sospechoso en el mar. Al interceptarlo resultó ser una lancha con  unos diez a 15  migrantes. La historia que contaron es parecida a las que se han escuchado muchas veces en el desierto de Sonora, México, cuando el camión que los transportaba se avería. “La lancha se descompuso y nos dijeron que irían a buscar ayuda… se fueron nadando” y no volvieron. Para cuando los encontraron, algunos de ellos temblaban de hipotermia.

Shenya recuerda haber visto cómo los militares sacaban cuerpos del mar. Una lancha había volcado, todos murieron. “Solo sacaron los cadáveres, nadie los pudo identificar. En África, Bangladesh, Pakistán, Somalia, muchas familias creerán que sus hijos están en Estados Unidos, pero muchos se ahogan”.

El camerunés logró sortear el golfo. Aunque en un mes le robaron dos veces y lo dejaron sin dinero, continuó.

Darién: El desierto de jungla

Ismael, de Somalia, fue obligado a migrar por amenazas xenofóbicas diarias en su país. Trabajó mucho y ahorró más para pagar US$5 mil y volar a Brasil. Los traficantes que contrataron eran sofisticados, le entregaron un pasaporte que debían tirar inmediatamente después de salir del aeropuerto, “si nos encuentran con ellos nos capturan, son falsos”, dice.

Un brasileño recogió a Ismael en el aeropuerto y ahí empezó a viajar de punto en punto. “No quieres saber quiénes son las personas que te llevan, solo te recogen y te vas”.

El obediente migrante llegó a Darién, Panamá, una zona que el jefe de fronteras de aquel país, Frank Ábrego, describió al Wall Street Journalcomo “uno de los lugares más calientes y húmedos del planeta” en el que habitan vívoras, jaguares, especies venenosas y mosquitos portadores de malaria.

Ismael caminó por la selva durante 25 días de los cuales 15 fueron entre agua, las yagas en sus pies son testigos.

Shenya, el camerunés, caminó y caminó en la jungla. No es un camino recto, “si algo te sucede no tienes a dónde correr, a donde veas solo hay plantas”. La balsa en la que cruzaban el río era tan pequeña y llevaba tanta gente que cuando vieron una enorme serpiente en el agua debieron hacerse a la orilla. “Si el bote vuelca no hay manera de pararse”.

En el camino Shenya encontró cadáveres, bastantes, algunos de ellos pequeños, seguramente niños. “Muchos eran africanos o cubanos… ”.

El agotamiento también es un negocio. En medio de la selva hay aldeanos que por una paga ayudan a los migrantes a cargar lo que llevan  y los guían hasta los refugios panameños que, aunque no son lo mejor del mundo, son un descanso. “Dormí sobre mi mano, comí arroz durante 25 días. Muchos llegan a colapsar ahí, pero te prestan ayuda”, dice Ismael. Una vez estables deben continuar, su siguiente paso, Centroamérica.

Los otros Luis-Guatemala

El ‘coyote’ contestó la llamada del reportero, se le pidió una entrevista a la cual, extrañamente, accedió fácil y sin mayores preguntas. “Véngase y platicamos” – “¿Usted trae gente de África y Asia?” – “Sí, ahí los vamos a jalar a la frontera cuando vienen de Ecuador, pero véngase, mejor platiquemos en persona”, cuelga.

En el punto y hora acordada, de un picop bajaron dos hombres corpulentos, se paran frente al reportero y este les da la misma presentación. Los sujetos, con aspecto de guardaespaldas, entienden lo que sucede. El coyote accedió a la cita porque pensó que el reportero quería migrar. “Nadie puede ver al coyote, retírese por favor”, dijo uno de ellos cortés pero tajante.

Después de la negativa del traficante, se pudo constatar que en su círculo de negocios está el dueño de un hotel grande, una persona que fue capturada por trata de personas, otra detenida por lavado de dinero, y un tercero que sospechan murió por un ataque de Los Zetas en México. Todos convergen en un prostíbulo de una ciudad cercana donde gustan de gastar sus dólares.

Se conversó con algunos coyotes locales, del tipo que trabaja solo en sus pueblos y cuyos clientes suelen ser vecinos. Se les preguntó si llevaban africanos, asiáticos o cubanos, solo uno dijo que trasladó uno alguna vez, aunque parecía que fue más por casualidad.

Para Rodolfo Córdova, sociólogo mexicano, es lógica esta diferencia entre los dos tipos de coyotes, los que se relacionan con otras redes y los que solo trasladan vecinos, pues para llevar gente desde países tan lejanos se necesita un nivel de penetración más grande, y esto implica otros negocios ilícitos.

Ismael, quien sí viajó por medio de una red grande, dice que pasó la región de punto en punto. Esto coincide con las investigaciones de ICE y el MP en las que determinaron que el costo desde sus países es de US$17 mil (Q131 mil 750), y que el contacto lo hacían en Panamá a través de toda Centroamérica. En aquel país, Henry era la persona con quien debían hablar (únicamente por teléfono) para saber a dónde ir; en Costa Rica era Álvaro; en Nicaragua Lirio, Chito y Tito; en Honduras Alexia; en El Salvador Santos y en Guatemala, Luis, cuyo nombre real es Hugo Antonio Torres Asturias, quien está en prisión junto con otros miembros de la banda.

Shenya llegó a su sueño y no lo podía creer, Ismael no pudo más que rezar en agradecimiento. Cruzaron la frontera de Guatemala y por fin estaban cerca de su meta. En México “rezamos, dimos gracias a Dios porque estamos cerca de tener una mejor vida”, dice Ismael.  Si escuchara al sociólogo, no estaría tan feliz. “A veces les garantizan un empleo de seis o nueve meses, pero con eso no pagarán la deuda. Entonces les quitan los pasaportes, los obligan a trabajar 12 o 14 horas diarias. El tráfico se convierte en explotación”, comenta Córdova.

Shenya dice que se quedará en Tapachula un tiempo, no se asfixia por llegar a Estados Unidos, total, está solo en el mundo. Ismael sí, quiere llegar para enviar dinero. Según el Movimiento Migrante Centroamericano, en México se pierden anualmente 20 mil viajeros. Así, el siguiente recorrido del somalí está marcado por desaparecidos, carteles de narcotráfico y caminos áridos. El punto que para él fue una victoria, es apenas el inicio para otros migrantes, desde ahí en adelante, deberá soportar al último de los desiertos, el de arena.

Los destinos elegidos

Ecuador y Brasil son los destinos predilectos de las redes. Como explica Rodolfo Casillas, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), estos países del sur históricamente han tenido políticas migratorias flexibles, una ventaja que los traficantes aprovecharán. En 2008, Ecuador eliminó el requisito de visado para ingresar, pero detectaron el ingreso de muchos africanos mediante redes de tráfico. En 2010, impusieron requisito de visa para Afganistán, Bangladesh, China, Eritrea, Etiopía, Kenia, Nepal, Nigeria, Pakistán y Somalia, pero los viajes continúan.

Este reportaje fue producido en asociación con Round Earth Media, organización de la sociedad civil de Estados Unidos que impulsa la próxima generación de periodistas internacionales. Conrad Fox y Manuel Ureste participaron en la elaboración de este trabajo periodístico.