Migrants’ cast off belongings become art

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Originally broadcast on Studio 360 on August 13, 2015See Original Version.
Originally published in El Diario on July 27, 2015See Original Version.

Arivaca, Arizona— Mochilas, juguetes de niños, ropa, desechos de latas de atún, pastas dentales, cepillos, manteles bordados, guantes, zapatos, cartas, medicinas, documentos, estampillas religiosas, biblias, fotografías de familia, son algunos de los artículos que van quedando como señales de la presencia de quienes se trasladan de un país a otro de forma clandestina.

En las rutas marcadas por los migrantes que cruzan sin documentos la frontera entre México y Estados Unidos, por el desierto de Sonora, se encuentra esparcida una diversidad de objetos que para muchos son basura, sin embargo, para varios artistas que viven en la zona fronteriza en Arizona, son vestigios de vida que los viajeros dejan durante su travesía.

Alicia Fernández | El Diario | Valerie James recoge objetos encontrados en una ruta migrante

“Las cosas que hallamos son muy personales, hay cosas de familia que se traen, cosas de amor, cosas que se dan el uno al otro para que te lleves para que no te olvides de mí, los cuadritos de santos, las biblias indica que esta gente cree en Dios, son religiosos y le piden a Dios que los ayude a cruzar”, menciona Antonia Gallegos, quien junto con la artista y escritora Valerie James, desde hace 10 años colecciona objetos encontrados en las rutas de migrantes y algunos de estos los transforman en esculturas, pinturas o instalaciones.

A la ropa vieja, desenterrada de los arenales del desierto, le dan vida en figuras de rostros. Con guantes, un sostén y pastillas anticonceptivas reproducen una foto de una mujer. Esas figuras son sólo ejemplos de lo que se logra con los vestigios en las rutas de migrantes.

Alicia Fernández | El Diario | Pieza realizada por Valerie James con objetos encontrados en los caminos migrantes

Las pertenencias quedan ahí, en despoblado, cuando los migrantes corren para esconderse de los helicópteros o las camionetas de la Border Patrol que circundan el área, o porque ya no pueden llevar más cosas a cuestas, comparte Edgar McCullough, esposo de Deborah, ambos voluntarios en la organización Samaritanos, cuya finalidad es “prevenir las muertes y aminorar el sufrimiento de las personas en el desierto”, por lo que transportan agua y víveres hasta esos puntos de paso, con la intención de que sean útiles para los miles que transitan por ahí para internarse a Estados Unidos.

De acuerdo con la Oficina del Centro de Ciencias Médico Forenses del Condado de Pima (PCOME por sus siglas en inglés), desde 2001 hasta 2014 se encontraron 2 mil 330 restos humanos de migrantes no autorizados en este desierto. De éstos, mil 504 fueron identificados y mil 285 eran de mexicanos, es decir el 85 por ciento.

Regina García | El Diario | Fotocomposición que muestra el número de personas identificadas y sin identificar, quienes fallecieron en el desierto de Sonora desde el 2001 hasta el 2014 (Fuente: PCOME)

Mientras en el año 2000 se registraron arriba de 1 millón 600 mil aprehensiones por parte de la Border Patrol, en 2013 fueron un poco más de 400 mil.

Sin embargo, aun cuando las detenciones han disminuido, el número de muertes en el desierto ascendió. En 1990, por cada 100 mil detenidos existían en promedio 14.9 restos de personas recuperados, mientras que en 2013, con el mismo número de detenidos, se recuperaron 149.7.

Antonia y Valerie

Valerie suele pasear a sus mascotas en el desierto, por lo que con la intención de limpiarlo, empezó a recoger las cosas que ahí encontraba. Las fue categorizando y deduciendo que las personas que cruzaban no eran delincuentes, “como dicen en las noticias”, agrega Antonia.

La colección es amplia, resaltan bordados que son tradicionales del sur de México, con leyendas como “somos dos enamorados”, costales que son usados para transportar mariguana en la espalda, ropa de niños, guantes y cartas escritas para seres queridos.

Alicia Fernández | El Diario | Mantel bordado encontrado por Valerie y Antonia en una ruta migrante

Antonia fue la primera persona que Valerie conoció al mudarse a vivir a la comunidad de Arivaca, Arizona, en 2004, en una zona cercana a la frontera con Nogales, Sonora.

La cercanía con el límite fronterizo, les permitió ver de primera mano varios casos de personas indocumentadas. Entre las memorias de Antonia hay dos niños de 10 y 8 años, que llegaron a su casa un domingo a las 4 de la mañana, luego de perderse del grupo con el que iban. Estaban hambrientos, perdidos, rasguñados por las espinas de las plantas y llorando.

Alicia Fernández | El Diario | Objetos infantiles encontrados en el desierto sonorense por Valerie y Antonia

En 2005, Valerie, Antonia y Deborah McCullough, realizaron tres piezas escultóricas: “Las Madres, no más lágrimas”, las cuales permanecen en el Pima Community College desde ese entonces, que representan la muerte de los migrantes en el desierto y la angustia de las madres cuyos hijos se separan de ellas, los que en ocasiones no regresan.

“Las Madres comenzaron porque estábamos buscando un modo de decirle a la gente que ese sufrimiento está pasando, pero mucha gente de aquí no quiere oír eso”, comenta Antonia y agrega: “se están rompiendo familias”.

Las figuras están creadas con ropa y objetos de migrantes, así como por elementos de la tierra como nopales y plantas que fueron revolviendo hasta crear una pasta lo suficientemente resistente para dar forma a las esculturas, que evocan a tres mujeres, una por cada mil muertos en el desierto, cuyas manos en el pecho y expresión facial, denotan el dolor de una pérdida. Al estar hechas con la ropa encontrada en los caminos, para Gallegos “Las Madres están hechas del sudor y la sangre de sus propios hijos”.

Alicia Fernández | El Diario | Una de las tres figuras que forman parte de las esculturas “Las Madres, no más lágrimas”

Ayuda samaritana

En el desierto se queda la energía de los migrantes, quienes caminan durante días con temperaturas extremas, que en el verano pueden ascender hasta los 48 grados centígrados. Las rutas cada vez son más largas, ya que las autoridades estadounidenses han reforzado la frontera, lo que ha vuelto a la zona un área más desolada, propicia para el incremento de muertes en el desierto, lo cual se documenta por el Centro de Estudios de Migración en Nueva York.

En el documento denominado “Violencia estructural y muertes de migrantes en el sur de Arizona”, emitido a finales de 2014, se muestra que la creciente vigilancia de la frontera ha ocasionado que la migración disminuya, pero también que más personas mueran al buscar rutas alternativas que les permitan esquivar a las autoridades estadounidenses. La causa de muerte más común es por exposición al medio ambiente, por ejemplo deshidratación o hipotermia.

Edgar y Deborah McCollough se dieron cuenta de esta situación, por lo que desde más de 10 años, acuden de manera constante a dejar galones de agua, latas de atún y víveres que puedan ser útiles para los viajeros, son “samaritanos”.

Alicia Fernández | El Diario | Deborah McCollough colecciona cepillos de dientes que encuentra en las rutas

Deborah colecciona los objetos que encuentra en el desierto, considera que “es una forma poderosa de mostrar cosas que nos permitan crear una empatía con los migrantes”.

Entre los artículos que guarda está una corbata, que para ella significa los sueños de una persona que piensa en llegar al otro lado y buscar trabajo. También tiene cerca mil zapatos, 400 cepillos dentales y aproximadamente el mismo número de pastas dentales, así como botellas de agua, objetos recogidos durante sus caminatas por esas rutas de migrantes.

Con algunos de esos objetos comenzó a crear esculturas. Usó medicinas, zapatos para montarlas en cuadros con rostros que reflejan cansancio, su interés es “que las personas vean el lado humano dentro de la complejidad de lo que una frontera nacional significa, hay mucho racismo en esta situación”. Sus obras han viajado por diversas universidades e iglesias de Estados Unidos, asegura.

Alicia Fernández | El Diario | Escultura realizada por Deborah McCollough

Cruces en el desierto

Álvaro Enciso comenzó a caminar las rutas migrantes en busca de inspiración para darle a su trabajo artístico un sentido de justicia social. Caminaba al lado de los “samaritanos”, poniendo agua en el camino y lo que captó su atención, fueron los restos de latas de frijoles, salchicha y atún abandonadas en el paisaje.

Las acumuló en su casa en Tucson, Arizona y en su mente se instaló la idea de que cada una de ellas era una historia. Él es un migrante, proviene de Colombia y comparte que llegó a Estados Unidos buscando el sueño americano, que desde su punto de vista es un mito.

Alicia Fernández | El Diario | Cuadros creados por Álvaro Enciso

Transforma las latas en piezas con cuadros geométricos y coloridos, prefiere la abstracción, menciona que no le gusta la obviedad y quiere que las personas al indagar descubran lo que hay detrás de cada cuadro, la intención es mostrar solidaridad con quienes migran por el desierto.

Luego empezó a enterarse de las historias detrás de las personas que han fallecido en el desierto, por lo que desarrolló el proyecto “Puntos Rojos en el Desierto”, que consiste en utilizar esa marca que señala la muerte de una persona en distintos contextos.

Cada miércoles se traslada a cuatro lugares donde hubo algún fallecimiento y coloca una cruz en cada uno de ellos, la cual es hecha por él con la intención de honrar la memoria de los fallecidos.

Alicia Fernández | El Diario | Cruz colocada en el lugar donde falleció un bebé junto a la carretera en Arivaca

Para Álvaro esa cruz representa un símbolo de algo que es un secreto porque considera que la muerte de un migrante no es noticia para muchos, pero para él es importante que esa memoria exista y cree que la conciencia universal no necesita tanta publicidad y tanto público ya que las cruces están colocadas en lugares inhóspitos donde seguramente muy pocos las verán.

Hasta el momento ha puesto alrededor de 150 cruces y no cree que logre colocar las más de dos mil por cada uno de los restos encontrados, ya que tiene 70 años y sólo puede colocar cuatro a la semana.

Alicia Fernández | El Diario | Álvaro Enciso trabaja en la elaboración de una de sus cruces

“Las cruces son un símbolo de eso, de una idea de que tal vez en algún momento se haga una reforma migratoria entonces las cruces ya no necesiten estar ahí porque ya cumplieron su misión”.

afernandez@redaccion.diario.com.mx

Este reportaje fue producido en asociación con Round Earth Media,
(http://roundearthmedia.org) organización de la sociedad civil de
Estados Unidos que impulsa a la próxima generación de periodistas
internacionales. Marlon Bishop participó en la elaboración de este
trabajo periodístico.